Ficciones Clínicas

Conversación Clínica. Instituto del Campo Freudiano 2009. Casos que enseñan. Parte II

Publicado en Lectura Lacaniana: 1 mayo, 2016

Tres preguntas a Horacio Casté

Casté, propone para pensar la psicosis, no la alternativa entre una posición melancólica y una paranoica, sino propone enfocar la cuestión desde el punto de vista del goce. El goce que retorna en lo real, que invade al sujeto, sin límite, del caso de la esquizofrenia, y el goce en el lugar del gran Otro de la paranoia.

Casté es interrogado sobre la tesis que Lacan  en el seminario XXIII,  del analista como “una ayuda contra” para introducir la noción del analista como ayuda contra la invasión  de goce en los casos de psicosis, y si esta definición se contrapone a la clásica del analista como secretario del alienado.

Casté responde que un analista con un psicótico, escucha, habla lo menos posible, ya que las palabras tienen un valor insospechado, la relación transferencial puede ser masiva. A esto Lacan lo llama secretario del alienado: escuchar, registrar, estar ahí, prestarse para que se desarrolle la historia y se construya el delirio, si es el caso.  Pero esto, no es lo único que hace un analista, y ahí surge esta ayuda contra, para proveer al sujeto de algún instrumento para situarlo entre el goce y el Otro de una forma diferente.

Angela Vitale

 

1) Los casos de psicosis permiten ver en ocasiones cómo el sujeto ha encarnado un objeto no investido fálicamente por el Otro, quedando reducido a una posición de objeto de desecho. Esto permite pensar de otro modo lo que algunos autores llaman el núcleo melancólico presente en toda psicosis. También permite dar cuenta de las oscilaciones que se observan en algunos casos entre una posición melancólica del sujeto y una posición persecutoria, donde la vertiente paranoide parecería salvar al sujeto de quedar identificado a ese objeto resto. ¿Podrías aportarnos algo de tu experiencia clínica sobre este punto?

La alternativa no es necesariamente entre una posición melancólica y una paranoica. Es más fácil de ver si lo enfocamos desde el punto de vista del goce. Por una parte el goce que retorna en lo real, que invade al sujeto, sin límite, del caso de la esquizofrenia, por otra parte el goce en el lugar del gran Otro de la paranoia. En la melancolía el universo desaparece, todo se hunde, solo existe el yo en ruinas, ese objeto de desecho, a no confundir con el objeto nada.

Estar en posición de objeto de goce del Otro, sin discurso que mediatice esa relación, como ocurre en el caso del neurótico que transforma la pulsión en Demanda, permite establecer un lazo social, que en el caso de la paranoia creo que es de los más sólidos que he conocido, mediante, precisamente la construcción de ese delirio que hace discurso. Es probable entonces, que si ese Otro cae por cualquier motivo, el sujeto atraviese una etapa melancólica hasta restablecer un nuevo lazo delirante, más o menos exitoso, más o menos fallido.

2) En la Conversación de Antibes, se hace referencia a la tesis que Lacan plantea en el seminario XXIII del analista como “una ayuda contra”, para introducir la noción del analista como ayuda contra la invasión de goce en los casos  de  psicosis.  ¿Qué  te  parece  esta  definición?  ¿Crees  que  se contrapone o no a la clásica del analista como secretario del alienado? Por otro lado, hacer de “ayuda contra” no quiere decir de ningún modo situarse en una posición de saber lo que necesita el sujeto, lo que podría llevar a la ubicación del Otro del goce en el analista. ¿Podrías decirnos algo más sobre esta cuestión o ponernos algún ejemplo de tu práctica que ilustre alguna maniobra para evitar dicho deslizamiento?

¿Qué hace un analista con un psicótico? No se puede decir que lo analice, la interpretación no vale, no se construye el fantasma …, en fin, ¿qué hace?

Lo escucha. Y habla lo menos posible, porque las palabras tienen un valor insospechado, la relación transferencial puede ser masiva, es decir, una palabra puede encerrar el saber real revelado, en medio de una verborrea inútil. Hay que ser prudentes.

A eso Lacan lo llamó ser el secretario del alienado: escuchar, registrar, estar ahí, prestarse para que se desarrolle la historia y se construya el delirio, si es el caso. De vez en cuando hay que dar una pequeña orientación, ayudar a aliviar la angustia, estar presente.

Pero esa no es toda nuestra labor, la cosa no se acaba allí, y creo que todos los que trabajan con psicóticos lo saben, llega un momento en que hay que intervenir de una forma más decidida, prestar un soporte, un punto de apoyo al sujeto, porque lo conocemos bien, porque sabemos que hay puntos en los que sabemos que es mejor que no se aventure, o porque vemos que comienza una nueva ronda de una repetición que conocemos, o lo que sea, hay un lugar de goce que lo convoca y no lo registra, está escotomizado, forcluido. Allí el analista ha de intervenir proveyendo al sujeto, si es posible, de algún instrumento para situarse ante el goce y el Otro de una forma diferente. Pienso que es a esto a lo que se refiere Lacan cuando habla del analista como ayuda contra, no contradice en absoluto la figura del secretario del alienado, son momentos diferentes.

Esta operación no es que sea sencilla ni difícil, es “inspirada”, si puedo decirlo así, es algo más que estar ahí, es decir algo que permita al sujeto que tiene un agujero en lo simbólico, construir otra cosa que le permita resolver su situación mejor que antes.

3) El hecho de que en la enseñanza de Lacan, los nuevos paradigmas no invaliden los anteriores, comporta que con cierta frecuencia encontremos en los  casos  que  se  presentan  una  confusión  de  términos  relativos  a paradigmas distintos utilizados de manera conjunta o indistinta: por ejemplo se está hablando de los efectos forclusivos y, a continuación, sin transición, se pasa a hablar en términos de anudamiento y desanudamiento.

Asimismo, el hecho de que la última clínica de Lacan al poner el acento en el funcionamiento ayude a entender los casos de una manera nueva, parecería llevar a pensar que es una clínica más fácil, cuando en realidad pone en juego una serie de conceptos que, por lo general, no tenemos aún bien elucidados. ¿Cómo crees que tendríamos que manejar esta cuestión en la formación que impartimos en las Secciones Clínicas?

A los jóvenes que son capaces de sentarse ante una pantalla y comenzar a hacerla funcionar sin haber preguntado cómo se hace, que han nacido en la era de la tecnología y se desempeñan con total soltura con las máquinas, se los llama nativos. Nosotros no lo somos.

No sé si alguna vez habrá nativos lacanianos, pero nosotros no lo somos, y tendremos que continuar utilizando los diferentes paradigmas refiriéndonos a las diversas cosas para las que nos son útiles, porque hasta nueva orden es el lenguaje que conocemos y en el que a duras penas nos entendemos.

Por el momento no me parece que la coexistencia vaya en detrimento de nada, al contrario. Es verdad que hay conceptos que no solo son superados por  otros  sino  que  son  contradichos,  poco  a  poco  todo  eso  se  irá despejando. Pero así como Freud será siempre lo que es, los distintos paradigmas de Lacan también.

Respecto a la última enseñanza de Lacan, como se la llama, aun es difícilmente transmisible. No está establecida, no está discutida entre nosotros, poco a poco se va hablando de ella. El próximo Congreso de la AMP tratará de la clínica en relación a ella, ya veremos luego qué pasa, será muy interesante.

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