Salud Mental&Locura

Construyendo al enemigo: Mitra Kadivar

Por Andrea F. Amendola
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 mayo, 2013

¿En qué medida puede ser el sufrimiento una compensación de “deudas”? (…)¿cómo puede ser una satisfacción el hacer sufrir? Repugna, me parece, a la delicadeza y más aún a la tartufería de los mansos animales domésticos (quiero decir, de los hombres modernos, quiero decir, de nosotros) el representarse con toda energía que la crueldad constituye en alto grado la gran alegría festiva de la humanidad más antigua, e incluso se halla añadida como ingrediente a casi todas sus alegrías; el imaginarse que por otro lado su imperiosa necesidad de crueldad se presenta como algo muy ingenuo, muy inocente, y que aquella humanidad establece por principio que precisamente la “maldad desinteresada” (o, para decirlo con Spinoza, la sympathia malevolens [simpatía malévola]) es una propiedad normal del hombre-: ¡y, por tanto, algo a lo que la conciencia dice sí de todo corazón! (1)

Friedrich Nietzsche

 

Imposibilitar a un sujeto de su palabra, amordazarlo químicamente, es un acto que no se inscribe dentro de la salud mental más que como ilegalidad, un hacer sufrir vestido de malévola simpatía.

La psicoanalista iraní Mitra Kadivar detenida en un hospital de su país, fue liberada en Teherán a causa de la presión ejercida por una iniciativa internacional promovida por su colega francés Jacques-Alain Miller, apoyado por las escuelas que componen la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y por numerosa cantidad de intelectuales de diversos países.

Mitra es presidenta de la Asociación Freudiana en Teherán, en donde practica y difunde entre sus alumnos la doctrina freudiana y lacaniana.

Sufrió arresto y vejaciones, estuvo atada a una cama, drogada con un antipsicótico y fue amenazada continuamente con tratamiento de electroshock que si bien éste no se materializó, nos permite pensar hasta qué punto el sólo hecho de ejercer el psicoanálisis transformó a Mitra en un enemigo.

La primera consecuencia de esta campaña en pos de su liberación fue la morigeración en la medicación que se le prescribía, ya que impedía la actividad consciente a Mitra, así como permitirle el uso de Internet para enviar mails. Un retorno a la palabra que la constituye como sujeto de pleno derecho, amarrada por la misma palabra que el Otro funda y que un otro priva y silencia. Con aires de cicuta socrática el silencio impuesto a Mitra logró ser pulverizado por el eco de aquellas voces de analistas que pugnaron para que la letra vuelva a la carta vía e-mail.

En nuestro país, la internación reglamentada por la nueva ley, se convierte en un recurso terapéutico altamente restrictivo y debe considerarse como una técnica de última opción que no debe extenderse más de lo necesario. La legislación está focalizada en una serie de regulaciones que controlan la internación de pacientes psiquiátricos especialmente cuando ésta es involuntaria.

Quienes defienden la nueva ley afirman que no busca destruir los neuropsiquiátricos sino reformular su funcionamiento para dar un tratamiento más humano y abierto a los pacientes que lo requieran, así como evitar abusos contra un grupo históricamente desamparado.(3) El desamparo que habitó a Mitra nos recuerda el período del gran encierro, caracterizado por la creación de manicomios y hospitales generales en donde el loco era institucionalizado para evitar su presencia por ser considerado un ser ilógico y peligroso, en palabras de la propia Mitra “o cómo quitársela de encima”, resonancias de un pasado que se cuela en el hoy.

Una práctica con consecuencias

¿Qué lugar para una práctica que subvierte? El psicoanálisis va en contra de las identificaciones, de los ideales, de los significantes amos, hace vacilar los semblantes y decepciona a los militantes, al decir de Miller “por ello resulta que están sobrepasados por las consecuencias de su operación”. (4)

Pensar la práctica del psicoanálisis nos lleva necesariamente a pensar cuál es el contexto social en donde dicha práctica se realiza, porque el inconsciente de un sujeto está estructuralmente coordinado, ordenado con el discurso del Otro. Pensamos el inconsciente como algo que se produce en una relación y el sujeto está supuesto a los significantes de ese discurso que lo identifican y lo vehiculizan.

El contexto social en donde Mitra desarrolla sus actividades en relación al psicoanálisis está regido por el Corán, donde lo político es una prolongación de una cosmovisión y de un mensaje ético y de liberación personal, los cuales constituyen su corazón. El Corán llama a los musulmanes al uso de la razón y a la búsqueda del conocimiento, el deber del musulmán es tratar de comprender la revelación a través del intelecto, reflexionando sobre la Creación de Al-lâh desde una postura de reverencia y respeto. Cada creyente tiene la capacidad de recibir la revelación y de aplicarla en su vida según Al-lâh le dé a entender.

El uso de la razón es esencial al islam y propone el Corán que sea usada para recibir el sentido directamente como experiencia que emana de una realidad en constante movimiento. (5)

El concepto de experiencia intenta operar como un concepto nivelador en donde todo confluye, y Miller dice que este concepto aproxima la experiencia analítica y la religiosa, pero las diferencias se imponen. Por ejemplo, la religión responde con sentido allí en donde el psicoanálisis habla de falla en el saber. (6)

El sentido es ligado así al significante a partir de lo que Al-láh de a entender y en la misma línea la razón está al servicio de los sentidos que vehiculizan identificaciones y la reflexión se limita al respeto de lo que vale para todos.

Por el contrario, la lectura lacaniana se dirige al fuera de sentido y se aleja del padre, porque está orientada a realizar una travesía por los semblantes que nos lleve hacia lo real del goce.

“Hacer algo con…”

En un artículo de Mitra, titulado “El misterio de los congresos”, escribe sobre la exigencia de Freud sobre la realización de congresos, dice Kadivar: “lo cual significa que no son tan inútiles, tanto como el goce como para el saber, aparentemente. En todo caso son indispensables en el plano político. Hay que reunirse, como grupo social que se es, y hacer algo juntos. Algo que esté lo más lejos posible de un desfile militar o de rezar juntos. Se va hablando por turno”. (…)(7)

Hablar por turno nos remite a lo propio del psicoanálisis, es decir, al uno por uno, a la subjetividad en singular, justamente todo lo contrario a un desfile militar o un rezar juntos en donde en el “todos” el hombre es en función de la masa. Al respecto Mitra recuerda un poema iraní de Saadi:”Los hijos de Adán son parte de un cuerpo/Creados todos de una misma esencia/Si una pena afecta a un miembro del cuerpo/ Los otros también están incómodos/Si tú no sufres por la pena de los otros/ No merecerás estar en este cuerpo”. (8)

¿Y cuál es la posición que le conviene al analista? ¿sufre el analista por la pena de los otros? El analista está fuera del cuerpo de los sentidos compartidos que nadan en la masa, el analista es aquel cuya posición conveniente es la del “desapego” como dice Miller en Sutilezas analíticas, “en la medida en que su acto consiste en despegar el significado del significante, es decir, en reconducir el significante a su desnudez, adonde no se sabe lo que algo quiere decir para el otro”. (9)

Construir al enemigo

Desde el principio se construyen como enemigos no tanto a los que son diferentes y que nos amenazan directamente (como sería el caso de los bárbaros), sino a aquellos que alguien tiene interés en representar como amenazadores aunque no nos amenacen directamente, de modo que “lo que ponga relieve su diversidad no sea su carácter de amenaza sino que sea su diversidad misma la que se convierta en señal de amenaza”. (10)

Más a menudo “encontramos a ese Otro insoportable porque de alguna manera no es nosotros. De modo que reduciéndolo a enemigo, nos construimos nuestro infierno en la tierra”. (11)

Mitra, una analista que trabaja justamente haciendo de la diversidad la dignidad del sujeto, se ha visto confrontada con el infierno en nombre de la salud mental, pues el no sufrir por la pena de los otros extrema la diversidad a la condición de amenaza.

¿Medidas de seguridad?

La seguridad genera un interés en detectar riesgos y seleccionarlos para su eliminación, y por tal motivo elige fuentes potenciales de peligro como blancos de la acción exterminadora “preventiva”, que se lleva a cabo de forma unilateral. A los individuos y grupos se les niega la subjetividad humana, se tornan así objetos, entidades a los que hay que aplicarles las “medidas de seguridad”. (12)

La internación de Mitra es un claro ejemplo de la negación de la subjetividad que la descalifica como potencial interlocutora en el decir, declarándose irrelevante a priori justamente lo que hace a la esencia del ser: su palabra.

Zygmunt Bauman cita a Emanuel Levinas, un filósofo ético francés quien dice que cuando categorizamos a los otros como “problemas de seguridad”, terminamos por borrarles el “rostro”; denominación metafórica para aquellos aspectos del Otro que nos ponen en una condición de responsabilidad ética y nos guían hacia la misma. La inhabilitación de ese rostro como fuerza potencial que despierta el impulso moral es la matriz de lo que se entiende por “deshumanización”. (13)

Diversos usos…

La lectura lacaniana plantea un uso de la salud mental que dé lugar al derecho y a la libertad del ser hablante por la singularidad del deseo que lo constituye y lo autentifica como uno, le abre la puerta hacia la reconciliación con su goce que será “su” norma, la cual no entra en el “para todos” de las normas sociales y queda por fuera del concepto de salud mental de la OMS.

Las voces del mundo psicoanalítico lograron para Mitra, durante su internación, una hora de internet por día, una escritura que insiste y que no es sin efectos, lo cual nos permite recordar aquello que Lacan dijo respecto del análisis, que no sólo se trata de tender al bien- decir sino a la escritura del sinthome que permite valorizar la letra que cifra el goce.

De este modo, los analistas de hoy estamos convocados a aggiornarnos en la lectura de una nueva lengua en donde la letra se torna la vedette del escenario del discurso moderno.

Bibliografía:
Nietzsche, Friedrich, “La genealogía de la moral”, tratado segundo, 200
6, Bs. As., Alianza Ediciones, puntos 4, 5 y 6.
Ramírez, José-psiquiatra y psicoanalista, Rosario/12, “Las voces de
todo el mundo lo lograron”, 2013, Bs. As, Diario Virtual, Sección Psicología.
3. Nueva ley de salud mental en Argentina/Suite101.net http://suite101.net/
article/nueva-ley-de-salud-mental-en-argentina- a 50657#ix2220SEFgWWKQ
4. Miller, J.A., “Punto Cenit” Política, religión y el psicoanálisis, Lacan y la
política, 2012, Bs. As., Colección Diva, pág.30.
5. Prado, Abdennur. “Democracia, pluralismo y justicia social en el Islam”,
2010, Editorial Popular.
6. Miller, J. A., “Punto Cenit”, pág. 69.
7. Kadivar, Mitra. “EL misterio de los congresos”, Instituto Lacan, publica-
ción autorizada por la revista La Cause Freudienne.
8. Ibid.
9. Miller, J. A. “Sutilezas analíticas”, cap. III:Posición del analista, 2011,Bs.
As., Paidós, pág. 53-54.
10. Eco, Humberto. “Construir al enemigo”, Construir al enemigo, 2013, Bs.
As., Lumen, pág. 16.
11. Ibid. Pág. 38-39.
12. Bauman, Zygmunt. “Daños colaterales” Desigualdades sociales en la
era global, cap IV “¿Son peligrosos los extraños?, 2011, Bs. As., Fondo de
Cultura Económica, pág. 83.
13. Ibid. Pág. 84.

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