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Ciclo Anual de Conferencias 2014, Causa Clínica. Carlos Dante García

Publicado en Lectura Lacaniana: 26 noviembre, 2014

Parte II: Lugar del analista, control, característica de los análisis, prejuicios, regla fundamental.

En esta segunda entrega Carlos García parte de un texto de Miller, El Lugar y el lazo, en el capítulo titulado La tentación del psicoanalista, donde dice que el psicoanalista ocupa dos sitios, y lo ejemplifica con el control, explicando que el control es controlar la relación del lazo con el lugar, controlando el grado de des-subjetivación  en la experiencia, va a controlar que su subjetividad no incida en el análisis.
De cómo el deseo del analista sería la reducción, como desecho, de la posibilidad de subjetivar. A mayor des-subjetivación más división del sujeto, a menor des-subjetivación, menos sujeto dividido.
La clave entre el deseo del analista y  las tres modalidades de análisis es la regla fundamental, la asociación libre.
La regla fundamental no es medir la culpabilidad, es confiar en todo lo que se le pase por la cabeza, lo que cae, en la ocurrencia. El que escucha no emitirá juicio de lo que cae.
La Asociación libre es un permiso a la incoherencia, decir lo que se le ocurra; diga lo que diga no será juzgado ¿es enunciada la regla fundamental por el analista? Se la construye, como operación, no se da solo una vez, sino en cada sesión.
En la primera modalidad del análisis, entonces se construye la regla fundamental, deseando la incoherencia e interviniendo por fuera de la realidad colectiva. De lo amorfo, vía la Asociación libre, comienza a tomar forma, cambiándose  y el modo de decir.
 

Angela Vitale

Carlos Dante García: Entonces, una vez ubicadas todas estas formulaciones que después, si quieren retomamos y discutimos, conversamos, voy a retomar aspectos de esto, vamos a ubicar al analista y después, el tercer paso es ubicarlo en las tres modalidades, por su deseo general.

Para esto, voy a tomar algunos párrafos de otro seminario que se llama El Lugar y el Lazo, en el que hay un capítulo que se llama La tentación del psicoanalista, página 15, donde dice que el analista ocupa dos lugares, o sea dice que ocupa, el analista, dos sitios. Lo que se llama el lugar de analista, no es un lugar, son dos sitios, y ahora lo voy a ejemplificar con el control, con lo que sería el controlar o el supervisar.

¿Qué es el control? De muchas maneras se puede definir al control, pero el control es: controlar la relación del lazo con el lugar, del lazo con el lugar.

Cuando alguien controla y va a controlar con un analista, la tensión analítica de un paciente, ¿qué hace? ¿Qué va a controlar? Lo que va a controlar es la verificación de su grado de des-subjetivación en la experiencia. Es decir, va a controlar que su subjetividad no incida en el análisis, en la experiencia analítica que está haciendo de ese paciente o de ese sujeto.

Entonces, en la página 16 de ese capítulo, van a encontrar dos preguntas maravillosas de Miller, extraordinarias, que yo les diría que las anoten para toda la formación respecto de la práctica del control. Las dos preguntas, las dos frases son las siguientes: “¿Estás suficientemente des-subjetivado como para poder ser el soporte del otro?” Es la primera pregunta: ¿estás suficientemente des-subjetivado para ser el soporte del otro? Así de formulado, es decir que, para ser el soporte, quiere decir que no tiene que estar puesta en juego qué? La subjetividad.  O sea, que esto nos lleva al punto del deseo del analista, el deseo del analista sería la reducción, como desecho, de la posibilidad de subjetivar.

Y la segunda pregunta, después voy a matizar estas formulaciones, las voy a matizar bajo la forma de esto, es lo que implica todo lo que estoy diciendo, la lógica del asunto, lo que sabemos que en la realidad, se va a presentar bajo qué forma esto, si alguien va a controlar el grado de subjetivación o no, quiere decir que reconoce que hay una participación subjetiva.

En la realidad de esto no se produce a no ser que se haya advenido el deseo del analista, y aunque haya advenido el deseo del analista, a su vez, ese deseo del analista tiene que ser comprobado en la experiencia, cuando analiza a alguien. Ya no es que el AE, por ejemplo, como muchas veces he escuchado, o el que no llegó a terminar un análisis, en ambos casos, por ejemplo, uno sería puro, entonces lo podría analizar y el otro no podría analizar. Están comprometidos subjetivamente, tanto el AE como el que no terminó el análisis, los dos están comprometidos, después esto lo voy a retomar.

Diana Nasra: No sé si todos sepan qué es un AE.

Carlos Dante García: Se llama AE al analista que da la escuela, es un título, una nominación que surge como resultado de que alguien quiere testimoniar cómo hizo el recorrido de su análisis, que terminó su análisis. Entonces, hay una comisión, en una escuela, esto está en diferentes escuelas, está en la Escuela de la Orientación Lacaniana de Bueno Aires, en otras escuelas en el mundo, una comisión de pase que evalúa, no voy a explicar todo el dispositivo, pero evalúa si terminó el análisis, y si terminó el análisis, le dan el título de AE, entonces, este título dice: es alguien analizado, pero no dice que hay un deseo de analista, no dice que eso garantiza cómo va a practicar el psicoanálisis.

Es al revés, después hay que ver qué es lo que hace con eso, está claramente formulado esto en esas páginas que mencioné antes de El lugar y el lazo, claramente formulado. Es decir, que se supone que alguien que terminó el análisis, entonces estaría en condiciones de, por eso es que les di todas las definiciones.

¿Por qué les di todas esas definiciones? Para que ustedes vayan captando los matices y las aristas que tiene el problema del deseo del analista, que no es simplemente porque terminó el análisis, entonces advine y ya está. Hay gente que terminó el análisis, supuestamente advino el deseo de analista y después se fue de vacaciones a una isla y no volvió, enserio estoy hablando, no estoy inventando una cosa, sé que hay gente que hizo todo el análisis, todo el pase y demás, y después no fue más al psicoanálisis, a la escuela de la causa.

Entonces, la segunda pregunta tiene que ver con lo que voy a retomar del primer modo de análisis, que es el comienzo del análisis, “¿Estoy, -esa es la pregunta que hace Miller- lo suficientemente des-subjetivado, -presten mucha atención a la manera en que está formulada la frase- ¿Estoy lo suficientemente des-subjetivado como para dividir al sujeto en mi paciente o acaso el paciente se consolida cada vez más?”

Hay ahí, en la pregunta, dos fórmulas, la primera fórmula es: a mayor des-subjetivación, más provoco la división del sujeto en mi paciente. A menor des-subjetivación, o sea mayor participación subjetiva de mi parte, hay menos sujeto dividido y hay más paciente, o sea se consolida cada vez más el paciente, ¿se entiende la doble formulación?

Por eso es un grado, un movimiento: a mayor des-subjetivación más división, o sea que sólo se puede dividir a un sujeto en la experiencia del análisis, si hay des-subjetivación, si no, no hay división. Y si no, se incrementa cada vez más el paciente, ¿qué quiere decir que se incrementa? Es que no hay trabaja analítico, hay más paciente.

Entonces, tenemos que centrarnos en las tres modalidades del análisis, ahora una vez ubicados en el recorrido, o sea, que lo que dije también es conclusión: el deseo del analista es la manifestación en una subjetividad, de un grado máximo de des-subjetivación. Avanzadas interpretaciones en las cuales, no intervenga la subjetividad. Esto que acabo de decir, es idea de Lacan del psicoanálisis, es totalmente lo opuesto a la idea que tiene en la cual considera que el analista, con su subjetividad, es decir, con todo lo que le produce como efecto el paciente, la palabra del paciente, interpreta: usted me quiere hacer dormir, por ejemplo, usted tiene tendencias agresivas.

El punto opuesto es: uno apela a la subjetividad para interpretar y otro apela a la des-subjetivación para interpretar.

Vamos a las tres modalidades de análisis, y entonces, cómo vamos a ir relacionando el deseo del analista. El punto pivote de la relación entre el deseo del analista y las tres modalidades del análisis es la regla fundamental, clave de la cuestión.

¿Cómo comienzo un análisis? Esto que voy a decir, pueden encontrar referencias entre las páginas 109 a 132 del Seminario Sutilezas Analíticas de Miller. Un análisis que comienza, un análisis que dura y un análisis que termina, no son lo mismo, en absoluto.

Un análisis que comienza, es un análisis que está lleno de acontecimientos, lleno de sorpresas, por lo menos debería estarlo.

Un análisis que comienza, tiene la característica de ser algo amorfo, no tiene forma, dado que el paciente va y habla, habla sin prestar ninguna forma, esa es hasta una de las preocupaciones: voy abriendo cada vez más temas, por ejemplo, podría decir, o hoy hablo de esto y no sigo hablando de lo mismo, hablo de otra cosa, o sea, la forma que tiene es que no tiene forma, un análisis que comienza.

La forma, ¿quién se la da? El analista, es decir, que si nosotros dejáramos librado a que alguien hable, hable y hable, nunca va a tomar forma, porque lo que le va a dar forma es el destinatario, página 111. O sea, está condicionada la forma que va a tomar por el destinatario.

Y esto, es muy importante, ¿por qué? Porque en la actualidad, parecería que hay, por ejemplo, que la gente no asocia libremente, que no hay sueños, que no hay formaciones del inconsciente, parecería que hubiesen desaparecido de la faz de la Tierra, y mucho tienen que ver los analistas, el destinatario de lo que estoy diciendo, ¿se entiende el planteo?
¿En qué consiste la regla analítica? La regla analítica consiste en el permiso de decir lo que a uno se le ocurra, y sobre todo de decir estupideces, tonterías, cosas obscenas, cosas incoherentes, es decir, es el permiso a la incoherencia.

Pero tiene una implicación la regla analítica, un supuesto: que para poder hablar así, el analista debe transmitir, en algún sentido, hay que ver la manera en que lo puede hacer, que no va a juzgar a aquel que habla, o sea que durante mucho tiempo, esto ya lo había enunciado en otras oportunidades, anda, merodea un fantasma de juicio, es decir, el fantasma del juicio de lo que se puede decir respecto de lo que dijo.

Esto es: va desde la fantasía al modo de gozar, el aspecto de lo que se hace, si se le pegó a la mujer, si se la insultó, cuál fue el insulto, todo tipo de cuestiones en las cuales la gente no habla habitualmente de eso, hasta de asesinatos que pueda haber cometido. No serás juzgado, es lo que organiza la regla fundamental: hable que usted no va a ser juzgado, diga lo que diga, no va a ser juzgado.

Es muy difícil de sostener, a veces, hay pacientes que pasan dos o tres años y no dicen absolutamente nada de algo, por el juicio que puede emitir el analista. Es la nube negra del juicio que ronda siempre la cabeza de muchos analizantes, y eso no permite que se desarrolle el análisis.

Entonces, un análisis que comienza tiene dos características, que son las que acabo de decir: comienza con lo amorfo y comienza con la regla fundamental.
Entonces, la regla fundamental, ¿ustedes enuncian la regla? ¿Se enuncia la regla fundamental o ha caído completamente en desuso?

Adriana Casareto: No debería caer en desuso.

Carlos Dante García: ¿Por qué?

Adriana Casareto: Y, porque marca una posición, es una convocatoria a esto, a que diga lo que diga no va a ser juzgado, que tiene que ver más con el pensamiento que con lo que aparece.

Carlos Dante García: Con lo que dice, con lo que aparece, bien. Pero eso no es lo que hace ahora la gente, por ejemplo, todos los días, que dice una cosa y saltan de una cosa a otra, en la televisión, por ejemplo, en los programas de televisión, sí, ves los noticieros y de pronto sacan de un tema o de otro y hablan impúdicamente, sin ningún problema de: lo que le gusta hacer a la mañana, lo que hizo ayer a la noche, de temas íntimos.

¿Qué quiero decir con esto? Que la regla fundamental, en la práctica, ha caído en un desuso porque ya no es un umbral. Un umbral quiere decir algo que se atraviesa, algo que cambia el modo de decir. Entonces, esto es un problema, ¿por qué es un problema? Porque la regla fundamental, ¿se la dice? La regla fundamental, ¿se la aplica? Lacan, en La Dirección de la cura, recordemos que es un texto de 1958, muchos años atrás, decía que en las directivas de partida se filtra, ¿qué? La concepción que tiene el analista del análisis.

Vuelvo a repetirlo: en las directivas, porque hay gente que va a analizarse y: “¿Qué hago?”, bueno, lo que diga el analista en lo que  responda, a cada uno de los pacientes se va a fijar la idea que el analista tiene del análisis. Se filtra indefectiblemente, ¿se filtra en qué? En la enunciación, en la posición de enunciación. Es lo mismo que la cuestión del pago, por ejemplo, que alguien dice: “Bueno, no sé qué hacer, yo lo que quería decir es que quiero venir menos veces” “Bueno, después lo hablamos”, porque uno no sabe qué hacer.

Se filtra ahí una posición, no es que el paciente no se dio cuenta que el analista no sabe qué hacer, se dio cuenta, y no quedan tranquilos, voy después, lo superviso. Entonces, la enunciación es la posición inconsciente a partir de la cual se habla, y entonces, eso tiene que ver con la regla fundamental. Es ahí donde está el deseo del analista, no en la intención que uno pueda tener, uno puede tener la mejor intención.

Adriana Casareto: Se dice que hasta en las inflexiones de la voz.

Carlos Dante García: De la voz, sí.

Adriana Casareto: Se escuchará el grado de consecuencia o admitirá.

Carlos Dante García: El grado de consecuencia que tuvo el análisis para él, ¿se entiende? Es decir, que se filtra, ¿qué consecuencias tuvo el análisis para usted?, usted dirá: y la consecuencia es que, por ejemplo, asociar libremente es pensar, o decir lo que alguien piensa, no. Asociar libremente no es eso, porque eso es la definición que tendría el obsesivo de lo que es asociar libremente.

Que antes de hablar, hace pasar todo por el pensamiento. Entonces, un obsesivo puede filtrar la regla fundamental de esa forma, y eso son palabras que a uno se le escapan, es decir, tiene que ver con el grado de des-subjetivación.

La regla analítica se la puede definir como un modo de decir, y también se la puede definir como una operación. Quiere esto decir que no se da una sola vez, que se hace varias veces. Hay un texto, que no van a conseguir en librerías, pero que pueden conseguir en algunas bibliotecas que se llama: Umbrales del análisis.

Es un texto donde los analistas argentinos, junto con los franceses y con diferentes analistas brasileros y españoles, nos lanzamos a investigar en qué consistía el umbral, es decir, cuándo se pasaba a un paciente a diván, a un paciente a hablar, cuándo se tomaba esa decisión. Quiere decir que hay un umbral, el inicio del análisis, y ese inicio del análisis, tenía que ver también con la regla fundamental.
¿Por qué tiene que ver con la regla? Y, porque ha cambiado el modo de decir.

El modo de decir cambia en el analizante y cambia en el analista. Ese modo de decir, podemos decir, que comienza con un discurso yoico y pasa a ser el analizante, es decir, asocia libremente.

Entonces, uno de los elementos que se toman en cuenta para el pasaje a diván, es la comprobación si en el modo de decir del analizante hay asociación libre.

Y eso, se puede escuchar si el analista está des-subjetivado, si no, no lo puede escuchar, no lo puede articular. Entonces, uno de los cambios, del primer modo de análisis, es que lo amorfo comienza a tomar forma, primero, y lo segundo, que cambia en el modo de decir. Lo amorfo comienza a tomar forma y lo segundo, cambia el modo de decir.

Tercer efecto de ese tipo de análisis, el deseo del analista es, por ejemplo, en ese caso, es una sanción, pase a diván, ahí está puesto a juego, o es también como sostiene la regla analítica, que capta, por ejemplo, no es lo mismo enunciar la regla que el paciente, como decía hoy una paciente, que está cara a cara, de pronto está hablando el grado, y dice: “No, no, se concluyó una cosa, pero es una estupidez”, me encantan las estupideces, es un modo de demandar la asociación libre, otro, que haya otro, ¿a ver, qué estupidez se le ocurrió? A mí me encantan las estupideces, es un defecto que tengo, pero otro podrá decirle otra forma.

Se capta que en ese caso, es un empuje a que asocie libremente, que suelte, que caiga eso que se le ocurrió, aunque no tenga nada que ver con lo que está diciendo. Entonces, el deseo del analista es no enunciar la regla fundamental, sino construirla como operación, eso es lo primero que estoy diciendo: construirla a cada momento, a cada sesión, entrevista tras entrevista.

Por lo tanto, el deseo del analista, en la primer modalidad del análisis, en lo que sería el comienzo del análisis, implica la demanda y el empuje a la regla fundamental, a poner al paciente en relación con el inconsciente. A poner en forma toda la queja, es decir, que tome determinada forma.

Es decir, el deseo del analista, en la primera modalidad de análisis, tiene que desear la incoherencia, porque la incoherencia es un modo de decir que rompe con el imperativo de coherencia. Si no se manifiesta la incoherencia, no hay posibilidad de que comience el análisis, digo mínimamente la incoherencia.

Por ejemplo, ¿cómo se manifiesta la incoherencia? de que alguien que tiene un síntoma,  que es el modo permanente que acompaña a cada uno con su propia incoherencia.

El deseo del analista respecto de esto, es el deseo que no trata de llevar del síntoma a la realidad colectiva, toda inversión del analista que lleve al síntoma, comparándolo con la realidad colectiva, es un serio problema.

¿Qué quiere decir una realidad colectiva? Por ejemplo, voy a dar dos ejemplos muy sencillos: que un hombre o una mujer engañe, que no engañe, o sea que tendría que pasar la norma, la normatividad, tendría que ser que no engañe. O un adicto, por ejemplo, tendría que dejar la droga, no podría hacer una intervención sobre la droga si el analista ya tiene la idea de que lo que se llama síntoma tendría que ser normativizado, tendría que entrar en una realidad colectiva.

O sea que el deseo del analista es un deseo que se orienta, ¿por qué? Por la incoherencia, no por la realidad colectiva común, entonces las intervenciones van a salir de la realidad colectiva.

¿Qué particularidad tiene el análisis que comienza? La particularidad que tiene es la revelación: descubrimiento, revelación y sorpresas. ¿Qué particularidad tiene el análisis que dura? Es un plomo. El análisis que dura, ustedes se van a dar cuenta, entramos en la zona de: “¡Uh! Otra vez se repite lo mismo”, y otra vez que se repite lo mismo.

Entonces, ¿qué particularidad va a tener el deseo del analista en ese análisis que se repite? Léase ha perdurado el trámite para llegar a la hora, ¿qué particularidad tiene el deseo del analista respecto del análisis que dura? Que se extiende en el tiempo, el deseo del analista va a intervenir sobre todo, por eso es muy importante, que no quede capturado en el lazo.

Recuerden que les dije a ustedes que el analista tenía dos sitios, uno es el lazo y el otro es el lugar, y el lazo es la relación que tiene con el analizante, el lugar, es el lugar del analista des-subjetivado. El lazo, que es el lazo que tiene, porque forma parte de él, y por lo tanto, esa parte que forma con el analizante tiene efecto transferencial.

Esos efectos transferenciales pueden hipnotizar al analista, ¿cuál es la hipnosis del analista? Es al revés, no es el paciente que queda hipnotizado, es el analista. ¿En qué queda hipnotizado? Por ejemplo, puede quedar hipnotizado en el fantasma del paciente: “Todo me sale mal, todo está mal, cada vez estoy peor”, porque la relación empieza a través de eso, comienza a traer la repetición bajo la forma de hacer fracasar todo.

Entonces, el deseo del analista tendría que, separar, distinguir la repetición como lo nuevo, por eso es un deseo puro, es el deseo de obtener una diferencia y es lo que se pone en juego ahí, en el momento que se produce la repetición, en el análisis que dura.

 

Continuará…

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