Salud Mental&Locura

Histeria sin Interpretante

Por Cecilia Rubinetti
Publicado en Lectura Lacaniana: 9 junio, 2016

En el siguiente artículo Cecilia Rubinetti  hace una comparación  entre la histeria de Freud en la que los síntomas “hablan”, quieren decir algo, con un síntoma histérico separado del sentido, sin el sostén del Nombre del Padre. Para ello toma  y puntúa  un texto de Eric Laurent: “Hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpo”.

En dicho artículo Laurent parte de la clase VII del Sem 23, donde Lacan se refiere a: “una histeria que podría llamar incompleta”…”una especie de histeria rígida” y va a desarrollar este término en relación a la pregunta de “como hablan hoy los cuerpos más allá del síntoma histérico”. Plantea un síntoma histérico pero sin el sentido, sin interpretante a diferencia del síntoma que quiere decir algo, que busca un sentido. Laurent se refiere a un cuerpo que habla pero sin ningún sentido a descifrar, sin ningún llamado a la interpretación, sin posibilidad de sostenerse en la suposición de que el Nombre del Padre tendría algo que decir acerca del carácter traumático de la no relación sexual. Para ilustrarlo propone a Clarice Lispector por su particular tratamiento de las palabras que consiste en llevarlas al límite y roza constantemente lo imposible de decir.

Florencia Vidal Domínguez

 

Para abordar el texto de Eric Laurent, argumento del próximo ENAPOL, elegí tomar como eje a la histeria. El síntoma histérico podríamos decir que ha sido desde Freud el paradigma de “hablar con el cuerpo”. Ilustra con claridad la perturbación del cuerpo como marca del surgimiento traumático del goce.

Hay en el texto de Laurent, cuyo recorrido se apoya en referencias a los últimos Seminarios de Lacan, una torsión compleja y sumamente interesante en lo que respecta a la histeria.

Laurent sitúa el modo en que la época ha puesto en tela de juicio el sustento mismo, el corazón de la organización del síntoma histérico en torno al amor al padre. La pregunta será entonces cómo hablan hoy los cuerpos más allá del síntoma histérico, es decir, sin el sostén del amor al padre. Es a partir de esa pregunta que tomando una cita del Seminario 23 propone una versión paradojal del síntoma histérico. Se trata de un síntoma histérico separado del sentido. La referencia para intentar definir este estatuto del síntoma histérico será la clase VII del Seminario 23. Allí Lacan toma a un personaje de una obra de teatro de Helene Cixous inspirada en la Dora de Freud: “El retrato de Dora”. En la obra se produce, subraya Lacan, algo muy sorprendente. Se trata de la histeria reducida a un estado que podría llamar material, una especie de “histeria rígida”. La obra de Cixous presenta la histeria sin el sentido, sin interpretante, sin su partenaire. Es complejo hacerse una idea de aquello que Lacan encontró en la puesta de la obra de Cixous. Para ilustrarla Lacan dibuja una cadena borronea rectangular a la que llama rígida. ¿Qué quiere decir rígida? Que prescinde para su sostén, para la consistencia de su anudamiento de un redondel suplementario. Se sostiene sola, sin el Nombre del Padre. Se logra pescar la complejidad del planteo, que contiene la paradoja de una histeria sin Nombre del Padre.

¿Por qué Laurent retoma la referencia de Lacan a la histeria rígida? ¿Por qué retomar a propósito del ENAPOL esta formulación tan enigmática y paradojal que implica una histeria sin Nombre del Padre?

Laurent parece señalar en el horizonte una cierta caducidad de lo que clásicamente entendemos por histeria y sitúa en cambio un cuerpo que habla pero sin ningún sentido a descifrar, sin ningún llamado a la interpretación, sin posibilidad de sostenerse en la suposición de que el Nombre del Padre tendría algo que decir acerca del carácter traumático de la no relación sexual. ¿Qué propiedad conservaría entonces la histeria para que Lacan continúe nombrándola de ese modo? Podemos pensar que la histeria rígida sostiene el intento de dar respuesta al trauma sexual por medio del significante (al igual que la histeria clásica) pero sin el recurso al interpretante, sin el sostén del padre. A ese lugar podrían ir distinto tipo de invenciones singulares que se sostienen como respuesta.

En una conferencia de julio del año pasado en Suiza, dedicada a la lectura del Seminario 23, Laurent retoma este mismo punto, menciona a la histeria rígida, es decir la histeria fuera de sentido y la referencia será una vez más la literatura. Propone que Clarice Lispector ilustraría aún mejor que la Dora de Cixous lo que Lacan define en su Seminario como histeria rígida.

Lispector (1920-1977) es considerada una de las mayores escritoras brasileñas del siglo XX. Quien se haya acercado a su estilo de escritura tan característico habrá percibido que permite entrever algo de lo que señala Laurent. Su particular tratamiento de las palabras consiste en llevarlas al límite. Roza constantemente lo imposible de decir, su escritura discurre en ese litoral “La palabra tiene su terrible limite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno” [1]. Su prosa, tan bella como perturbadora, habita el límite mismo.

Laurent en esta conferencia da un paso más, proponiendo un estudio o investigación que podría titularse “Clarice Lispector: El sinthome o La sinthome”. La referencia al desarrollo de Lacan sobre Joyce el síntoma es clara. Ahora bien, un poco entrelíneas Laurent propone a mi entender una particularidad al anteponer el “la”. Particularidad que implicaría introducir el elemento femenino en este tipo de anudamiento, en estas histerias fuera de sentido. Laurent propone un novedoso y complejo programa de trabajo que permitiría pensar el sinthome en femenino a partir de esta formulación aún enigmática y dilucidar que sería la histeria rígida.

Hasta acá llega esta breve puntuación que intentó transmitir los lineamientos de la vía de trabajo que para mí abrió el texto de Eric Laurent rumbo al próximo Enapol.

Palabras de Clarice Lispector en una entrevista realizada por Olga BorellI: “Liminar”, en: Clarice Lispector, A Paixão segundo G. H. (Ed. crítica, Coord. Benedito Nunes).

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