Ficciones Clínicas

La mordida del inconsciente Parte II

Por Andrea F. Amendola
Publicado en Lectura Lacaniana: 15 mayo, 2016

II Parte: Culpa y responsabilidad del sujeto

En esta entrega, la analista se pregunta si un niño está en posición de hacerse cargo de su decir, revelando la posición del soñante.
Freud dirá en sobre “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”, ….es preciso asumir la responsabilidad de los impulsos oníricos malvados, mientras desde una lectura lacaniana de los sueños, el inconsciente apunta a más allá de la represión.

“… es como si acostado pudiese hablar sin responsabilidad”. Y aclara: “Este analizando puede creer ésto por un cierto tiempo, hasta el día que descubre, acostado, que debe responder por esos significantes de los que pensaba no tener que responder, en el sentido de la responsabilidad. Y quizás, ese día, el Pase comienza a perfilarse para ese analizando porque en ese momento, podría decirse… se convierte en discípulo de su síntoma”.

El sueño, al decir de Freud, vía regia de acceso al inconsciente, confronta a esta niña con la responsabilidad de un deseo que no sólo está en ella sino que actúa desde ella, ella se identifica con mordida, pero oscila entre la que es mordida y el morderla.

La libertad para hablar de sus sueños y ocurrencias, quizás fue el señuelo tentador para dejarse llevar por un decir, sendero impensado hacia la verdad del sujeto.

¿En qué medida un niño está en posición de hacerse cargo de tal advenimiento? Una verdad que se revela, dejando al desnudo la posición del que sueña.
Kenia relativiza su falta y dice “no recuerdo”, ubica ante la intervención del “morderla” un desplazamiento “porque ella me molesta”, es el otro, no ella, como cuando dice “para que sienta lo mismo que yo”.

De este modo, la culpa emerge cual mascarada evitando ser mordida por la responsabilidad: “yo la muerdo para que sienta lo que yo siento, porque siempre me molesta”. Un saber no sabido que pulsa a darse por conocer, se vuelve conocimiento y el soñante queda confrontado con sus deseos más subterráneos, como si de repente el significante en su acontecer tornase escuchable un “que se la muerdan los leones”.

Freud en sobre “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”, en 1925, nos dice: “¿Es preciso asumir la responsabilidad por el contenido de sus sueños?” y continúa: “… es preciso asumir la responsabilidad de los impulsos oníricos malvados. ¿Qué otra cosa podría hacerse con ellos?”, “Si el contenido onírico –correctamente comprendido– no ha sido inspirado por espíritus extraños, entonces no puede ser sino una parte de mi propio ser”. “He de experimentar entonces que esto, negado por mí, no sólo «está» en mí, sino que también «actúa» ocasionalmente desde mi interior.” “… No obstante, asumo esa responsabilidad, que de una u otra manera me veo compelido a asumirla.”

Desde una lectura lacaniana de los sueños, el inconsciente pulsátil, como lo llama Lacan, nos arroja más allá de la represión sin solicitar ningún permiso.
Un deseo se hace saber, un ¿qué soy yo (je)? Que nos conduce a un “soy en el lugar del goce”.

Una repetición “siempre hago lo mismo”, una pesadilla que se repite “mordida”, una posible causa “tal vez siempre sueño lo mismo porque siempre hago lo mismo”, punta del ovillo a perseguir a la letra. Insiste un hacer a partir de la localización de un significante que le arranca su máscara al sueño, formación del inconsciente que le tiende al sujeto su propia trampa, a tal punto que es el mismo significante el que puntúa e interpreta su mordida a través de las hilachas de lalengua.

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