Entrevistas&Reportajes

Entrevista a German Gárgano IV

Publicado en Lectura Lacaniana: 1 abril, 2016

Ángela Vitale: ¿el psicoanálisis tiene alguna incidencia en tu trabajo?

Germán Gargano: En los ’80, nunca abandoné la lectura, el estudio del psicoanálisis, es algo que siempre mantengo. Pero en la pintura no incide. Lo que pasa es que uno después piensa cosas de la pintura y el psicoanálisis puede ayudar a pensar cosas de la pintura, pero que no son necesarias para pintar. De hecho las cosas uno las practica cuando pinta, o cuando da clases o cuando recibió clases, está eso que de repente el psicoanálisis ha pensando y se verifican, a uno lo enriquecen.

Ángela Vitale: ¿te analisaste?

Germán Gargano: Sí, pero digo el psicoanálisis en cuanto a lecturas y lo que uno estudió, la relación que uno tiene en cuanto a la mirada y toda esa cuestión, no es necesario para pintar.

Florencia Vidal: ¿Y el interés con el psicoanálisis? Mencionaste que pediste libros de medicina y también de psicoanálisis.

Germán Gargano: Sí, siempre, incluso antes, cuando había empezado con textos de Freud, textos de psicología para neurólogos, cosas que sistematicé en aquel entonces. Por ahí me interesa más el psicoanálisis para pensar cosas de la cultura, y lo que tiene la cultura en las llamadas “artes visuales” y toda la cuestión que ha surgido con la pos modernidad, toda la cosa de “el arte ha muerto”, en relación con el objeto y el concepto como superación de la pintura, cosa con la que no solo no estoy de acuerdo sino que es un pensamiento bastante chato. Por ejemplo, suponer que la pintura, pintar cuadros, murales o lo que fuera, es del orden del placer contemplativo, y que ahora la vida ha entrado, ahora sí, irrestrictamente en el arte. Entonces pintar un cuadro sería del orden de donde todavía estás contemplando, pero ahora, como vos te podés pintar, o pintás un chancho y lo largás a la calle como obra de arte, lo cual puede ser fantástico cuando está hecho, como todas las cosas, desde adentro y genuinamente. En todo caso son nuevos campos que el arte va abriendo. Pero eso de decir que ahora la vida está en el arte y antes estaba la contemplación, es una aberración que la dicen, incluso doctores de bellas artes de nuestra academia o de otras ciudades del mundo, lo cual es irrisorio, no tienes más que ubicarte frente a Las Meninas para que te pase lo que pasa en Alicia en el país de las maravillas.

La pintura no es del orden del placer, es ir más allá del placer. Es gente que se ve que no puede estar en falta en eso, puede estar en falta en otras cosas, pero un doctor en artes, que incluso, se supone que han leído algo de psicoanálisis, no saben lo que es el más allá del placer, que es el arte. Eso es lo que recibís de la obra, al espectador también. Si ese punto no está tocado… ese es el punto de la mirada, y justamente ponen la mirada del lado de lo visual… ¡es espantoso!

El psicoanálisis participa de otra manera, sin saberlo, en muchos pintores o público, que están en relación con la pintura desde este lugar. No porque el psicoanálisis les haya enseñado, el psicoanálisis recoge de ahí, pero bueno, el que pintó Las Meninas fue Velásquez, y alguna inquietud tuvo, para meter en el punto de fuga, otra cosa, es decir, el habrá hecho un jueguito, “vamos a joder”, como Holbein dijo: “meto esta calavera en diagonal, vamos a joder”, pero, ¿para qué?, si el cuadro estaba perfecto. Algo disruptivo, evidentemente la perspectiva científica termina no satisfaciendo. No escapa con el placer visual. Velásquez escribe algo de la pintura en su propia pintura y Lacan lo lee. Yo creo que eso tiene una incidencia en la pintura, no es que hay que leer a Lacan para pintar, estaríamos locos. Pero evidentemente la pintura escribe algo de sí misma, de alguna manera da cuenta de ella en la obra misma, aparte de que Lacan pueda dar cuenta, no solo para el psicoanálisis, sino para la cultura y la pintura, porque estas cosas llegan de muy diversa manera, no es que alguien tenga que leer a Lacan, seguramente nadie lo va a hacer.

Pero seguramente tenés un periodista que para narrarte una reunión de gabinete, te la escribe como Borges, y vos leíste Borges sin haber estudiado a Borges. No se sabe cómo va a llegar Lacan, Freud, no se sabe nunca cómo llega, los pintores charlamos mucho de estas cosas, y pensamos todas estas cuestiones, bueno, por ahí son charlas de café, pero también cuando miramos o cuando uno va al taller, entonces uno señala tal cosa, porque las cosas se intervienen en tal momento, vos ves en un cuadro, en un ejercicio que hacés en el taller…

El psicoanálisis ha dicho cosas, sí, y llegan también, ratifican cosas, después aparte hay obras que escriben, como Las Meninas, Lacan dice que es el primer cuadro en el cuadro, espejo en el espejo hubo muchos, pero en el cuadro hubo uno, el primero es este, y después Magritte, el cuadro que está en el caballete y el paisaje calza, sería lo de Brunelleschi pero sin agujero, en vez del cuadro dado vuelta, en Las Meninas, en Magritte no tenés, ves lo que está, es el paisaje, es un juego, hay cierta escritura de la pintura, pero Lacan lo dice al pasar, sino  haríamos una cosa terrible, que es suponer que los pintores antes de Velásquez… todo el mundo pintó así, ese es el punto, en las cavernas hubo cuadro dentro del cuadro, lo que pasa es que Las Meninas lo escribió, que es distinto, por eso Lacan dice que el primer cuadro en el cuadro es Las Meninas.  Lo escribió pictóricamente y Lacan lo leyó, ese es el punto.

Ángela Vitale: Es la lectura que hace cada uno

Germán Gargano: Claro, pero como dice Merleau-Ponty, el pintor está presente de otra manera, como te podría hacer entrar un Van Gogh, pero no nos interesa mucho la pintura. Los cambios formales existen, para mí los cambios formales no cambian la pintura en sí, el hecho pictórico, lo que cambia son las maneras, por ejemplo, vos podés partir del color, ese es un cambio importante en el siglo XIX-XX, no de la construcción formal, que era renacentista. Si tenés un ejemplo más acabado lo podés tener en Picasso y Matisse, contemporáneos los dos, Picasso decía: “Matisse parte del color, yo parto de la forma, pero llegamos a lo mismo”, el color se tiene que desplegar hasta donde lo necesite, ahí yo estoy muy de acuerdo con Matisse cuando dice que dos colores juntos, un violeta y un verde, en el espectador producen un tercero que no se ve, no está, es eso. “Matisse parte del color, yo de la forma”, porque cada uno viene así, barajado a su manera, pero ahí habla el color, “los dos llegamos a lo mismo”. Es lo mismo que pasa en el Renacimiento, la forma es consecuencia del color, no causa, aunque parta de la forma en el Renacimiento, porque se parte de la forma, porque es otro mundo, otro contexto histórico, estás descubriendo. Si ves una pintura de la Edad Media y otra del Renacimiento… debe haber sido una locura, debían estar como con juguete nuevo, jugaban con eso. Después se adocena, se facilita y hacés un arreglo. Bueno, partían de la forma, pero siempre lo ves en todo cuadro, si el color se supedita a la forma, se colorea, va a ser flojo, ahí es donde la estructura se te antepone y es como que le das todo masticado y el otro nunca acepta las cosas así, ese saber no lo acepta, porque no participa.

Florencia Vidal: ¿Una próxima muestra?

Germán Gargano: Por ahora no estoy pensando mucho en eso, todavía tengo que laburar más y poco estoy urgido por hacer. Hay cosas que tengo que por ahí, a lo mejor serán para hacer o no,  de cosas de dibujos y líneas, no tengo nada firme, tengo algunas puntas

Ángela Vitale: ¿Das clases, Germán?

Germán Garnano: Sí, sí, doy acá en mi taller y doy en una escuela de publicidad, pero doy pintura ahí, no para publicidad, doy pintura, es una escuela que tiene una orientación bastante artística. Hago lo mismo que acá en el taller.      

 

Para terminar dos ultimas preguntas:

Relación entre el amor y la pintura. ¿Influyó el amor o el desamor al momento de pintar?

Germán Gárgano: El amor y el desamor … bueno, es una cuestión que no siempre se presenta de la misma manera en relación con pintar. Creo que los dos están presentes siempre que uno siga haciendo algo. Se puede no pintar si uno está muy bien o muy mal, o de pronto ser un estímulo, el amor, muy fuerte, sin suponer que eso es garantía de algo o que lleva a lo mejor como pintura.  Siempre es necesaria una tensión -no tiene por qué ser traumática- para pintar.

La pintura,  sí de pronto es una trinchera cuando el desamor, el infortunio, ciertas pérdidas, se presentan muy de frente, pero dejan un resquicio  para el hacer,  una pequeña abertura por pequeña que sea, por la que uno se ve impelido por suerte -extraña suerte-, a ir ahí cuando todo lo demás puede perder sentido.


Como es tu relación con el vacío. En un reportaje decis que pintar es dar lo que no se tiene…¿esto conque tiene que ver?

Germán Gárgano: Dar lo que se tiene es como dice ahí, lo que sucede en la cultura actual, la vidriera, la imagen en sí, la supuesta transparencia, el "es lo que hay". Pero sucede que el humano no es lo que hay, y su producción, no sólo en el arte sino en cualquier campo, nos pone frente a la pérdida, lo que no se tiene, lo desconocido, el vacío, y tiene que tejer algo ahí sí o sí. El instinto animal como sabemos no tiene vacío.  Por algo Freud nos dice "el trabajo del sueño". La  pulsión obliga al inconsciente a laburar, a tejer, para salir del marasmo, impele, empuja,  a un trabajo que produce algo que no había sido dicho, en primer lugar para uno mismo.  Es lo que la cultura actual quiere evitar con un placer visual o ideativo que no movilice ni convoque a nada que no sea él mismo. Hablar de "mí" relación con el vacío en particular es algo que me excede verdaderamente, un tanto insondable, pero es la que estará seguramente, entre otras cosas, en mi pintura.

 

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