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Asuntos Pendientes

Publicado en Lectura Lacaniana: 5 noviembre, 2013

EDUARDO PAVLOVSKY

Nace en Buenos Aires en 1931. Se ha desempeña-do como psiquiatra, actor, dramaturgo y director teatral. En su práctica de la psiquiatría se inclinó por el psicoanálisis, fue miembro de la Sociedad Psicoanalítica Argentina, de la cual se retiró por razones metodológicas. Además fue uno de los pioneros en la introducción del psicodrama como terapia clínica.

Su práctica teatral se manifestó desde muy joven, estudiando actuación y
formando diversos grupos. En 1960 fundó, con Julio Lahier, el grupo y en ese grupo estrenó sus primeras piezas.

Durante el último período dictatorial argentino, su obra “Telarañas” fue prohibida en Buenos Aires. Perseguido por los grupos paramilitares, se exilió en España.

Volvió a la patria, para convertirse en el “más fiel intérprete de los temas que subyacen en el inconsciente colectivo (la memoria y el olvido, el castigo y el perdón, la culpa y la venganza…)”.

Su Directora asegura: "Lo primero que surge en "Asuntos Pendientes" es la idea de crimen, crimen social, crimen familiar, crimen de la ética; este tema atraviesa la obra con una ferocidad pesadillezca y obstinada, es entonces donde lo espacial, lo temporal y la idea de sujeto hablante se vuelve abstracto, imprevisible, horroroso. Nadie paga por estos crímenes, podemos suponer que nada ha sucedido en realidad, pero hay cuerpos que huelen y también vuelven. Todos los personajes hablan por Pavlovsky que nos muestra lo ominoso bajo la forma de lo civilizado."

Hay un octogenario (Pavlovsky) en áspero diálogo con su mujer (Susy Evans), en el que el hombre relata desagradables experiencias que suenan oníricas pero no lo son, mientras un hijo adoptivo ya crecido (Eduardo Mirch) entra y sale para aportar datos de su vida -anterior y presente- fuera del hogar.

Esos asuntos pendientes que figuran en el título podrían ser aquellos de los que el autor aún no se expidió en obras anteriores y que forman un discurso fragmentado, racista, fascista, de esos que se suele escuchar en lugares públicos en estos días y que no parecerían pertenecer a una mente como la suya.

Es que todo lo oscuro -deja entrever- convive con la razón, con el miedo a la muerte y la recurrencia a un sexo senil difícil de concretar, más representación que acto, y explota en un nihilismo que supera el de otras piezas de Pavlovsky, antes tan anarco.

Llama la atención ese segundo plano que ocupa la esposa, apenas testigo cotidiano, acaso cómplice, de las diatribas masculinas, sólo activa en uno de los pasajes más chocantes -sólo verbal y en boca de otra actriz, en off- en el que inicia sexualmente a su propio hijo sin omitir detalle.

 Pavlovsky da la sensación de redoblar la apuesta de transgresión que son sus textos en varios sentidos y querer ir más allá, sacudir al público que lo sigue con una desnudez desafiante.

Justamente, "Asuntos pendientes" se vincula con "Sólo brumas", por el lado del abandono y la muerte infantil, de la niñez pobre y fea, en una sociedad que fabrica seres como el que personifica, marcados por el resentimiento del que se siente superior pero sabe que igualmente va a morir. 

Tiene, como siempre, una presencia magnética en ese animal de teatro que es Pavlovsky, ése que entra y sale de escena sin ocultar sus años, que son los del personaje, capaz de personificar a ese ser profundamente humano aunque por momentos repulsivos.

http://www.centrocultural.coop/


Angela Vitale

 


 

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