Salud Mental&Locura

Angustia e inhibición en la psicosis.

Por Daniel Millas
Publicado en Lectura Lacaniana: 26 abril, 2016
En la primera entrega Daniel Millas comienza con la pregunta de si es pertinente hablar de angustia en la psicosis.
Va a denunciar como el DSM no diferencia entre la angustia y la ansiedad. Afirma que en su experiencia clínica pudo verificar la emergencia de angustia en los pacientes psicóticos y que estos se encuentran más expuestos y con menos recursos para defenderse de la angustia. Dirá que el desencadenamiento de una psicosis corresponde al momento del encuentro con el vacío de la forclusión, ahí donde el sujeto psicótico no encuentra respuestas, queda perplejo al no encontrar una significación, es momento de una angustia fundamental.
Será en el movimiento de la transformación del vacío de significación en certeza, certeza de que eso algo significa,  donde se establecen las condiciones de la angustia propias de la estructura psicótica. 
Luego del desencadenamiento el sujeto encontrará diferentes modos de tratar  con la angustia. Millas propondrá a la inhibición como posible solución al tratamiento de la angustia en la psicosis.
 

Florencia Vidal Domínguez.

 

 

En algunas oportunidades se ha planteado si es pertinente hablar de angustia en las psicosis. Quizás esta cuestión se origina en el hecho de que el seminario de Lacan sobre la angustia (1) está dedicado fundamentalmente a la clínica de las neurosis.

La pregunta acerca de la pertinencia de hablar de la angustia en el terreno de las psicosis parece no haber sido una preocupación de los antiguos clínicos de la psiquiatría. Por ejemplo, en 1900, Carl Wernicke,(2) en su Tratado de Psiquiatría, no sólo se refiere a la angustia en las psicosis, sino que también describe un cuadro llamado, precisamente, psicosis de angustia. Cuadro que se acompaña, según refiere, de fenómenos alucinatorios y variedad de autorreproches. Karl Leonhard (3) por su parte, va a incluir a las psicosis de angustia en una categoría que llamará psicosis de angustia-felicidad, ubicadas a su vez dentro de las psicosis endógenas.

Karl Jaspers(4), en su rica semiología, define a la angustia como un sentimiento sin objeto, siempre presente en los momentos previos al desencadenamiento de las psicosis.

Donde la cuestión de la angustia da lugar a interrogar sobre su pertinencia es, irónicamente, en las clasificaciones presentadas en el DSM. Efectivamente, es a partir del DSM cuando el concepto de angustia tiende a diluirse y se confunde con el de ansiedad. En el DSM IV solo se reserva el término para las crisis de angustia en los llamados trastornos de pánico y se define como la aparición temporal y aislada de miedo y malestar intenso, palpitaciones, transpiración entrecortada, sudores y sensación de ahogo. La psiquiatría norteamericana, definitivamente, ya no establece ningún tipo de diferenciación entre angustia y ansiedad.

La experiencia clínica nos ha llevado, en numerosas oportunidades, a verificar la emergencia de angustia en los pacientes psicóticos. Desde esta experiencia vamos a proponer que el sujeto psicótico se encuentra más expuesto y con menos recursos para defenderse de la misma.

Lacan va a considerarla como el afecto del sujeto ante el deseo del Otro, del hecho de no saber qué se es para el deseo del Otro. La angustia queda así relacionada con el agujero estructural de lo simbólico. Cuando el sujeto ya no tiene puntos de referencia en lo simbólico, se manifiesta la angustia como este afecto de excepción vinculado con la certeza.

Si comenzamos por considerar el desencadenamiento de la psicosis como el encuentro irreversible y traumático con el agujero abierto en lo simbólico por la forclusión del NP, podemos afirmar que el vacío forclusivo se corresponde con un momento de angustia fundamental.

Lacan estableció de un modo muy preciso las coordenadas en las cuales el sujeto viene a confrontarse, en el momento del desencadenamiento, con el agujero de la forclusión.

En su escrito “De una cuestión preliminar…”,(5) nos describe en términos de ruptura de la cadena significante la experiencia enigmática de la psicosis. En un primer momento surge el enigma; es el encuentro con un vacío de significación. No se sabe qué significa eso, momento de perplejidad y de indeterminación angustiante.

En un segundo momento surge la certeza, que va a ser proporcional a ese vacío inicial. No se sabe qué significa eso, pero hay la certeza de que algo significa.

En este movimiento, que nos muestra la transformación del vacío en certeza, se establecen las condiciones de la angustia propias de la estructura psicótica.

Lo que es forcluido en lo simbólico retorna en lo real, nos propone Lacan. Esto implica que al agujero en lo simbólico y al abismo abierto en lo imaginario debemos correlacionarles una presencia real. La forclusión no es solamente No hay NP, sino que implica un rechazo en lo real.

En Los signos del goce,(6) Miller nos recuerda que, cuando hay NP, el efecto de significación fálica permite domesticar la intrusión de goce. La función de la forclusión implica que lo que no existe como símbolo reaparece de todos modos en lo real, fuera de sentido.

Esta emergencia es designada por Lacan, en una oportunidad, con el nombre de objeto indecible. Afirma: “En el lugar donde el objeto indecible es rechazado en lo real, se deja oír una palabra, que ocupando el lugar de lo que no tiene nombre, no ha podido seguir la intención del sujeto sin desprenderse de ella…” (7) Lacan nos brinda el conocido ejemplo de la paciente de su presentación de enfermos. La alucinación ¡Marrana! surge como un significante aislado, por fuera de la cadena, viniendo a designar el ser del sujeto, del mismo modo que el insulto ¡Luder! del que testimonia Schereber.

Este objeto, llamado indecible, es fundamentalmente un objeto angustiante y el curso y destino de cada psicosis desencadenada dependerá de los modos de tratamiento que encuentre el sujeto para, por así decirlo, domesticarlo. Es, por otra parte, esta presencia de un goce extraño e impuesto lo que explica por qué el sujeto se encuentra tan irreductiblemente concernido.

Siguiendo esta referencia, J-A Miller, en el “Conciliábulo de Angers”(8), trabaja esta cuestión en una de las conversaciones allí realizadas. Plantea que la instancia de un significante correlativo a un vacío enigmático de significación constituye un punto de intersección entre neurosis y psicosis. Comienza por ubicar esta “x” propia del enigma del goce en su transformación en pregunta del deseo; el ¿Qué quieres tú? inicialmente angustiante. Señala que la certeza relativa al vacío de significación no es solamente certeza de que eso quiere decir algo, sino también es certeza de que se trata de una demanda. Es decir, certeza de que hay una falta en el Otro. Por otra parte, si está en mí colmarlo, ¿qué soy entonces yo? Termino por volverme enigmático para mí mismo.

Este desarrollo le permite a Miller restablecer la serie enigma-perplejidad-certeza de la siguiente forma: enigma- perplejidad-angustia-acto y certeza.

Luego del desencadenamiento pueden verificarse modos diversos de tratamiento de la angustia: ya se trate de los abruptos pasajes al acto, las rutinas estereotipadas, las elaboraciones delirantes o las diversas formas de creación artística. Intentos de solución propios de cada sujeto, abiertos también a la contingencia de los encuentros.

 

Es en esta perspectiva que me interesa proponer la inhibición en las psicosis como una posible suplencia; una modalidad específica de tratamiento de la angustia.

Para sostener esta hipótesis comenzaré por tomar una referencia extrema: la manía.

 

1-   Lacan, J.: El seminario, Libro 10, La Angustia, Paidós, Buenos Aires, 2006.

2-   Wernicke, Carl: Tratado de Psiquiatría, pag. 229,Buenos Aires, Edit. Polemos, 1996


3-    Leonhard Karl: asi cación de la Psicosis Endógenas y su Etiología Diferenciada, pag. 68, Buenos Aires, Edit. Polemos, 1999.

4-    Jaspers Karl: Psicopatología General, pag.130, México, Edit. Fondo de Cultura Económica, 1993.

5-   Lacan, J.: “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis”, en: Escritos 2, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 1987, pág. 520.

6-   Miller, J-A.: Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires, 1998, pág. 390.

7-   Lacan, J.: Op. cit. pág. 517.

8-     Miller, J-A.: “El Conciliábulo de Angers”, en: Los Inclasi cables de la Clínica, Paidós, Buenos Aires, 1999, pág. 96.

 

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