Salud Mental&Locura

Angustia e inhibición en la psicosis II

Por Daniel Millas
Publicado en Lectura Lacaniana: 26 abril, 2016

En esta segunda parte Daniel Millas se va a referir a la manía  para articular  la inhibición en la psicosis como posible solución al tratamiento de la angustia.

Hará un recorrido de la manía desde los psiquiatras clásicos y el psicoanálisis.

En la manía, dirá tomando a Freud, el yo desaparece ya que las funciones principales del yo, la organización del orden temporal, el examen de realidad y la organización lógica del curso de las representaciones no están en la manía. En relación a esto,  Lacan va a ubicar la función de la articulación estructural del lenguaje allí donde Freud situaba la organización del yo.

Comparte una breve viñeta clínica que representa como un sujeto psicótico  recurre a la inhibición como solución particular, como defensa  ante la emergencia de la angustia.

Florencia Vidal Domínguez

 

Manía e inhibición

¿Por qué abordar la manía para proponer la inhibición como suplencia en las psicosis?

Porque el desenfreno del sujeto maníaco, su aparente carácter desinhibido, puede ser entendido en realidad como el resultado de la supresión de la instancia inhibidora misma.

El maníaco parece liberado de relaciones con cualquier instancia de dominio. Se diferencia sin duda del sujeto histérico, que, al rebelarse ante los mandatos del significante Amo, muestra su inscripción en un discurso. En el histérico, el rechazo al S1 se opera en el registro mismo de lo simbólico, encontrando allí modos sustitutivos de manifestación.

En la manía, en cambio, se trata de un rechazo del S1 en lo real, con el retorno mortífero del goce del cual brinda testimonio.

Si constatamos que Freud entiende como una de las funciones principales del yo la organización del orden temporal, el examen de realidad y la organización lógica del curso de las representaciones, puede afirmarse que en la manía el yo desaparece.

El término elación, empleado para referirse al episodio maníaco, proviene del latín elatio y es derivado de esfero, que significa llevar fuera de sí, elevarse. Lacan, en la clase “Del uso lógico del sinthome o Freud con Joyce” (9), juega con la homofonía entre l ́élangues y les langues (las lenguas), señalando que es a la elación maníaca a lo que se parece la escritura de Joyce en Finnegan`s Wake.

Desde la psiquiatría la manía ha sido descripta destacando su condición de exceso y desenfreno.

Emil Kraepelin (10) señala que, en realidad, la manía se caracteriza por la ausencia de productividad de ideas, las cuales son reemplazadas por la repetición monótona de palabras y de asociaciones por consonancia. Se produce una ilusión de dominio de las mismas, pero en realidad es el resultado de la euforia que afecta al paciente. La logorrea marcada evidencia la falta de unidad interior del curso de las representaciones, pérdida de dominio que tiende a la incoherencia y culmina con la fuga de ideas. Kraepelin señala que, si bien hay un incremento de la actividad, el potencial real del trabajo decae notablemente por la falta de perseverancia y la dispersión concomitante. Va a diferenciar además la manía aguda (que se inicia con una explosión repentina) de la manía delirante (caracterizada por la presencia de ideas delirantes y trastornos sensoriales episódicos) y de la manía confusa (definida por la presencia de ilusiones, ideas delirantes desorganizadas, alucinaciones y desorientación en el tiempo y el espacio).

Un autor como Liepman acentúa, por su parte, la falta de meta de los procesos mentales y señala la sustitución del sentido de las expresiones por el sonido de las palabras.

Ya en el campo del psicoanálisis, Karl Abraham compara el placer de la manía con el chiste por una abolición de la inhibición, con la diferencia que en la manía se trata de una abolición radical y generalizada, diferenciándose del chiste, donde se trata de una suspensión transitoria.(11) Subraya, asimismo, la desaparición del control lógico y la sensación de poder que es proporcional a la violencia de las pulsiones que se manifiestan sin reservas.

Las referencias de Lacan con relación a la manía no son abundantes pero sí muy precisas. En principio, no comparte la concepción freudiana de considerarla como lo inverso de la melancolía. Propone, por el contrario, la misma causalidad significante -la forclusión- y el mismo retorno mortífero del goce bajo manifestaciones clínicas diferentes.

Es conocida la afirmación de Lacan en el seminario sobre la angustia: “Digamos de paso que en la manía se trata de la ausencia de la función de a y ya no simplemente de su desconocimiento. Es por eso que el sujeto ya no es lastrado por ningún a que a veces lo entrega sin ninguna posibilidad de escapatoria a la metonimia infinita y lúdica, pura, de la cadena significante”. (12)

La no función de a imposibilita el pasaje del goce a la contabilidad y tiene como correlato el desenfreno metonímico que atenta contra la reserva libidinal del sujeto.

Lacan nos lleva a pensar en términos estructurales lo que los psiquiatras clásicos describieron en detalle. Vemos así tomar el fenómeno de la fuga de ideas, esa logorrea en la que el sujeto se anula y donde se pierde la intención de significación, como una metonimia infinita. La no función de (a) imposibilita el pasaje del goce a la contabilidad y tiene como correlato el desenfreno metonímico que atenta contra la reserva libidinal del sujeto.

Como expresaba Jacques Alain Miller en el “Conciliábulo de Angers”: “El (maníaco) va a morir, pero mientras no está muerto goza hasta el hartazgo… En la manía tenemos una pulsión de muerte acelerada, la muerte está al final… debido a la intensificación del goce que extrae de la lengua.”(13)

Es precisamente en este sentido que tomamos una segunda referencia de Lacan a la manía en “Televisión”: “Y lo que resulta por poco que esta cobardía, de ser desecho del inconsciente, vaya a la psicosis, es el retorno en lo real de lo que es rechazado del lenguaje; es por la excitación maníaca que ese retorno se hace mortal.”(14)

Resulta interesante notar que ubica esta cuestión en términos de cobardía, dándole una dimensión ética referida al deber del bien decir o de reconocerse en el inconsciente.

Por otra parte, Lacan hace aquí una equivalencia entre rechazo del inconsciente y rechazo del lenguaje, ya que en ambos casos está en juego la forclusión y, por lo tanto, la consecuencia será la misma: el retorno en lo real de aquello que fue rechazado en lo simbólico.

Si el retorno en lo real tiene como condición la forclusión del NP y la ruptura de la cadena significante, de la articulación S1-S2, en la manía ese retorno se manifiesta como el despliegue de una sucesión acelerada de S1 liberada de las determinaciones de la semántica. Esto implica que las pulsiones mismas se emancipan de la articulación gramatical y de la barrera que impone el sentido, ya que el efecto de significación promovido por el punto de almohadillado constituye una atenuación, una barrera al goce de lalengua.

Miller, en el curso “La fuga del sentido”, señala que el sentido es exactamente un objeto perdido, un objeto perdido del lenguaje que no se puede recuperar en términos del objeto a. Plantea que la fuga del sentido es una propiedad de estructura del sentido; que esa fuga es permanente, no cambia, y que en ello constituye un real del lenguaje. Posteriormente Miller ubica la función del fantasma que logra coagular el sentido y nos permite situarnos y sostenernos.(15) Si bien habla de la esquizofrenia como la estructura clínica en la que se afronta lo real sin fantasma, creo que es posible ubicar en la misma condición a la manía.

Habiendo llegado a este punto, quiero hacer dos observaciones que se desprenden del breve recorrido trazado en referencia a la manía.

La primera es que puede constatarse que Lacan va a ubicar la función de la articulación estructural del lenguaje allí donde Freud situaba la organización del yo.

El lenguaje como resultado de un trabajo sobre lalengua, como una “elucubración de saber sobre lalengua”, de acuerdo a la perspectiva que nos brinda en El seminario, Libro 20, Aun. (16) En esta vía, Miller plantea que se trata de captar cómo en nombre del UNO, del S1, se domina lalengua y se constituye el lenguaje. “Digamos que el lenguaje es Discurso del Amo (…) y que su estructura es la misma que la del Discurso del Amo.”(17)

La segunda es que el estudio de la manía nos permite revalorizar la función de la inhibición en las psicosis en general, en términos de operar eventualmente como una suplencia frente al vacío forclusivo.

Presentaré para ello una breve viñeta clínica. Se trata de un sujeto psicótico que había resuelto convivir con una mujer mayor que él. Esta relación lo beneficiaba tanto por su compañía como por el apoyo en el trabajo. Pero la demanda de ella en cuanto a tener relaciones sexuales le resultaba un verdadero tormento y el sujeto en cuestión no lograba nunca concretar la penetración. Los reiterados fracasos lo alteraban profundamente, dando lugar, en una ocasión, a una crisis de excitación por la que debió pasar la noche en una guardia hospitalaria. Este problema que le resultaba tan grave se resolvió abruptamente cuando, en un momento, tampoco logró alcanzar la erección. A partir de ese instante se declaró impotente con las mujeres mayores de treinta años y dio por terminada la cuestión con su compañera.

El caso nos presenta una secuencia en la que, a través de la inhibición, se intenta establecer una barrera para evitar el desencadenamiento de la angustia. El primer momento es sin duda poco eficaz porque, si bien el sujeto ponía una distancia respecto al encuentro con el cuerpo de su compañera, no dejaba de quedar peligrosamente expuesto a su demanda. En el segundo, en cambio, la inhibición alcanza su verdadera eficacia ya que se acompaña de una significación cuya fijeza sirve de soporte a una posición subjetiva. El consentimiento da lugar a una decisión, estableciéndose un límite y un nuevo orden en las relaciones con sus partenaires.

Solución singular, allí donde el sujeto no cuenta para defenderse de lo real con el auxilio de ningún discurso establecido.

 

9-   Lacan, J.: “Del uso lógico del sinthome o Freud con Joyce”, en: El seminario, Libro 23, El Sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, pág. 11.

10- Kraepelin, E.: La locura maníaco-depresiva, Polemos, Buenos Aires, 1996, pág. 37.

11- Abraham, K.: Psicoanálisis Clínico, Lumen-Hormé, Buenos Aires, 1994, pág. 114.

12- Lacan, J.: El seminario, Libro 10, La Angustia, Paidós, Buenos Aires, 2006, pág. 363.


13- Miller, J-A.: “El Conciliábulo de Angers”, en: Los Inclasi cables de la Clínica, Paidós, Buenos Aires, 1999, pág. 95.

14- Lacan, J.: “Televisión”, en: Psicoanálisis, Radiofonía & Televisión, Anagrama, Barcelona, 1977, pág. 107.

15- Miller, J-A: “Lo Real y el Sentido” Edit. Colección Diva, Buenos Aires, 2003.

16- Lacan, J.: El seminario, Libro 20, Aun, Paidós, Buenos Aires, 1992.

17- Miller, J-A.: “Teoría de lalengua”, en: Matemas I, Manantial, Avellaneda, Argentina, 1987, pág. 74.

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